Carta de un Maestro



10 MAY 2020 
Soy profesor y me duele el trato sufrido en esta grave crisis. Tuvimos que adaptarnos en tiempo récord para poder impartir las clases desde casa. Nos convertimos en informáticos, incluso pidiendo ayuda a hijos o familiares para resolver problemas. Por las mañanas impartimos las clases intentando seguir la programación como si nada. Por las tardes debemos corregir, preparar las clases y tareas del día siguiente. Realizamos, en muchos casos, tutorías individualizadas con los alumnos y familias que así lo precisen. Por las noches nos cuesta dormir pensando en cómo mejorar o solucionar problemas de nuestro trabajo con los alumnos. Y encima somos los grandes olvidados socialmente y no se nos consulta ante una posible nueva ley educativa. Simplemente queremos que se nos reconozca este sobreesfuerzo, que es vocacional y en una profesión que nos encanta.

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