Neuroeducacion aplicada al COVID-19
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La educación artística: Debe formar parte del contenido programático y no, como ocurre frecuentemente, que quedan como actividades marginales u optativas.
Apoyarse en el arte:
Apreciar el arte como uno de los pilares en la educación.
Para muchos, enseñar arte o aprenderlo podría parecer una pérdida de tiempo ante la premura aparente de aprender operaciones numéricas, contenidos científicos o datos históricos. Sin embargo, hoy la neurociencia está demostrando que las actividades artísticas involucran a diferentes regiones cerebrales, ya que (principalmente la actividad musical) promueven el desarrollo de procesos cognitivos.
a) La instrucción musical en jóvenes mejora la capacidad intelectual como consecuencia del incremento y la estimulación de la plasticidad cerebral, sobre todo en aquellos con mayor interés y motivación hacia las actividades artísticas. Además, en algunos niños aparecen correlaciones entre la práctica musical y la mejora en geometría o las capacidades espaciales cuando el entrenamiento es intenso.
b) el teatro o el baile desarrollan habilidades socioemocionales como la empatía y son beneficiosos para la memoria semántica. Por ejemplo, al hablar en público se genera noradrenalina, una sustancia que se sabe que interviene en los procesos relacionados con la atención, la memoria de trabajo o el autocontrol.
c) Aprendizaje Colaborativo: En los procesos de neuroeducación cuenta el factor social.
Los humanos somos seres sociales porque nuestro cerebro se desarrolla en contacto con otros cerebros. El descubrimiento de las neuronas espejo, es trascendental en este sentido, porque las neuronas motoras permiten explicar cómo se transmite la cultura a través del aprendizaje por imitación y el desarrollo de la empatía, es decir, es lo que nos hace realmente humanos.
El aprendizaje del comportamiento cooperativo se da conviviendo en una comunidad virtual en la que impera la comunicación y en la que podemos y debemos actuar. Cuando se colabora se libera más dopamina y ya sabemos que este neurotransmisor facilita la transmisión de información entre el sistema límbico y el lóbulo frontal, favoreciendo la memoria a largo plazo y reduciendo la ansiedad. La implicación de la corteza orbitofrontal en el proceso explica por qué a los niños les cuesta demorar la gratificación, dado que el proceso de maduración de esta región cerebral se alarga hasta pasada la adolescencia.
https://www.lanacion.com.py/columnistas/2020/05/23/tips-neuroeducativos-para-la-educacion-en-tiempos-covid-final/

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